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El bosque comestible pretende ser un bosque natural con, mayormente, especies comestibles, asumiendo que es la forma más natural de producir alimentos. Si observamos bien, cualquier bosque está formado por una gran diversidad de especies que pueden dividirse en 7 niveles: árboles muy altos o canopia, árboles, arbustos, hierbas, plantas de raíz, cobertura de suelo y trepadoras. POdemos añadir dos niveles más: las plantas acuáticas y hongos.

 

En la naturaleza no controlada esos niveles van apareciendo sucesivamente, teniendo cada uno una función sobre el conjunto, por ejemplo, fuente de nutrientes, acolchado, cobijo para especies para la fauna, control de plagas, etc. Al principio predominan los niveles inferiores, los cuales, descompactan la tierra y aportan materia orgánica al suelo. Así, los árboles y arbustos van encontrando las condiciones idóneas para desarrollarse. A medida que crecen, van creando sombra a los niveles inferiores, que dejan de ser predominantes. Con el tiempo aparecen otros elementos como, por ejemplo, los hongos o fauna local. Se crea una simbiosis, un ecosistema resiliente capaz de retener una bolsa propia de humedad, creando un microclima y viviendo con poca o ningún mantenimiento. La permacultura pretende imitar esta sucesión natural acelerando los ciclos.

                            Fuente: https://nido11.wordpress.com/tag/huertos-urbanos/

Lo que la naturaleza tarda 100 años en crear, puede establecerse en muchos menos. Para ello, es primordial observar el suelo. Ver de qué tipo es (arcilloso, arenoso o franco), la profundidad que tiene, el estado en el que se encuentra (si ha sido muy castigado por actividades ganaderas o agrícolas, si ha recibido sustancias químicas, si tiene mucha o poca materia orgánica, etc.). Creando un suelo rico, aceleraremos la sucesión y crearemos las condiciones ideales para que crezcan los niveles superiores. En el bosque comestible, tal como en el salvaje, todo ocurre en función del suelo. Sal al bosque y observa.

 

En este caso, nos encontramos con un suelo franco/arenoso, con bastante profundidad, que había sido sometido a explotación ganadera. Para mejorar la fertilidad sembramos abono verde, una mezcla de avena, trigo, mostaza, trébol, veza y daikon. Una vez crecido, fue segado con la guadaña, con lo que los nutrientes de todas esas plantas se devuelven al suelo, mejorándolo.

 

En el primer año, viendo que el suelo contaba con algunas condiciones, apostamos por el nivel de árboles y plantamos unos 80 árboles entre pies de injerto, frutales injertados y especies auxiliares. Mantuvimos una proporción de un 70-80% de árboles de hoja caduca respecto de perenne. Los árboles auxiliares son leguminosas que ayudan a fijar el nitrógeno en el suelo, por ejemplo, el algarrobo plantado entre los otros árboles. También pueden tener propiedades fitosanitarias como, por ejemplo, el saúco.

 

En el segundo año, apostamos por aumentar la diversidad del bosque, plantando más frutales, arbustos y  gran cantidad de árboles sacrificiales. Estos últimos, como el tagasaste, son árboles de crecimiento rápido, también fijadores de nitrógeno, los cuales, iremos podando sucesivamente para ir aportando materia orgánica al suelo de forma acelerada, una técnica conocida como "chop and drop".


El bosque crece

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Woods stories/historias del bosque

05.10.2015 20:50

Frutales de variedades tradicionales

El bosque comestible sirve como refugio de variedades locales de arboles frutales. Queremos contribuir a la preservacion del patrimonio vegetal de la Península Ibérica. Por ello, realizamos una búsqueda continua de variedades de fruta de las proximidades, tanto españolas como portuguesas. Estas...

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